Sin verguenza hasta el final
El pasado lunes el presidente de los Estados Unidos presentó el último balance del panorama de sus políticas al frente de la única superpotencia de nuestro tiempo. En el tradicional discurso del "Estado de la Unión", Bush pasó por alto algunas de las principales preocupaciones del pueblo estadounidense, como lo es una inminente recesión económica, y continuó con la promoción de sus políticas belicistas y de dominación mundial.
Defendiendo aún años de fracasos y mentiras con las invasiones militares de Afganisthan e Irak, Bush sigue anunciando sus supuestos triunfos, aún cuando la misma cotidianidad indica que todo va cada vez peor. Las estadísticas de suicidios entre soldados han alcanzado las cifras más altas jamás registradas [1], y quienes aún no han marchado a la guerra, hacen colas para refugiarse en Canadá [2]. Quizás si los Grandes Lagos abarcaran totalmente la frontera Canadá-Estados Unidos, veriamos escenas similares a las que tantas veces nos han vendido los medios de comunicación con los balseros cubanos, pero ahora balseros estadounidenses escapando del paraíso. Todo esto en el país de las libertades, donde recientemente encarcelaron a 11 activistas de los derechos humanos por exigir el cierre de la detestable y tristemente célebre Escuela de las Américas [3].
Nuestro continente tampoco escapa a las pretensiones guerreristas. La reciente visita de la Secretaria de Estado estadounidense había anunciado para nosotros las presiones sobre el gobierno de Colombia para que incremente el tono en las relaciones con Venezuela [4]. Ahora su jefe incluyó directamente a Colombia en el discurso, y presionó directamente al congreso para que apruebe el tratado de libre comercio Colombia-Estados Unidos [5], para "no envalentonar a los proveedores de falso populismo en América Latina".
De las palabras de Bush podemos sacar algunas conclusiones: la evidente posición de Colombia como ficha de la política estadounidense en nuestra región y la significación, y subordinación, política y económica que implican los tratados de libre comercio para los países firmantes. Cada vez más la posición de Álvaro Uribe como simple peón es desnudada, pero su montaje mediático se encarga de vestirlo. El que en el pasado aparecía como enemigo de los Estados Unidos por sus vínculos son el narcotráfico [6], hoy es tratado como uno de los mejores amigos, y como "premio" tratarán de darle su TLC.
Sin embargo, a pesar de la retórica, la última palabra no esta dicha. La misma Condolezza Rice tuvo que entrevistarte con representantes del movimiento obrero en Colombia, quienes le expresaron su rechazo al tratado. Ella sólo les dijo que seguirian trabajando en su aprobación. Luego del discurso de Bush las críticas vuelven a emerger, tanto en Colombia como en Estados Unidos [7], previendo el fuerte contenido divisionista hacia la región, así como las tremendas desigualdades comerciales que serán expuestas bajo la "libertad comercial".
En el plano comercial, ya la experiencia mexicana debería servir al gobierno y pueblo colombiano. Mientras Bush se desvive por aprobar los TLCs en la región antes de su muerte política, una masiva manifestación en Ciudad de México rechaza la profundización del Tratado de Libre Comercio de América del Norte por las graves consecuencias que trae sobre el sector agropecuario del país. El gobierno mexicano, tan aliado de Washington como el colombiano, ya ha dicho que no renegociará los términos del acuerdo porque, sencillamente, "sus socios no quieren" [8].
El último discurso de año nuevo de Bush no ha traido nada nuevo ni nada bueno, como siempre, en el plano político estadounidense. Soñar sería pensar que el próximo discurso de quien sea Presidente de los Estados Unidos nos hará olvidar todos estos temas, y muchos más, para bien. Lo real es que ninguno de los candidatos a dar el próximo discurso del "Estado de la Unión" plantea políticas diametralmente opuestas, más aún cuando Jhon Edwards, el único candidato con un discurso que pudiese apuntar a un cambio, se ha retirado de la contienda [9].
El último discurso de Bush seguramente no será el último discurso de la guerra, no será el último discurso del imperio.






